Como te miro, me mire y como me vez, te veras... Si Dios te presta licencia hijo mío, una de las tantas frases que me decía mi madre de pequeño al momento que me acariciaba y me chipiloneaba con ese amor maternal, su rostro blanco y arrugado por la fuerza de haber dado vida a sus 12 hijos, cabello corto color gorgoña, sus ojos verdes con un brillo peculiar de haber visto crecer a todos sus retoños, sus parpados pintados de color verde, su color favorito. Cantaba: “¡verde que te quiero verde!, ¡el verde es vida!”, sus labios pequeños, pero no por eso menos seductores de color rojo pasión y la coquetería parte de su personalidad. Pero mi niñez impedía entender sus palabras sabias, solo quería escuchar con esa voz fuerte y ronca que le caracteriza; las palabras mágicas: “¡Puedes salir a jugar con tus amigos!”, ese inicio de la frase y la expresión de su hermosa cara denotaba un ¡si!. En instantes yo salía disparado como un cohete, sin alcanzar a escuchar el final de su frase: “Pero regresas pronto a casa chamaco”.
Cuenca me han hecho recordar, el transcurrir de los días, semanas, meses, el respirar su clima, el disfrutar de sus paisajes, ver el caminar despacio y medio inclinado, cabellos cubiertos de canas, rostros arrugados, de personas que pasan por mi lado, logro entender sus sabia palabras, que me contaba de pequeño; yo esa liebre que corría sin mirar a esas tortugas llenas de experiencias, vida, fuerza y coraje, cargando ese caparazón lleno de historias por contar.
“Pero ¿porqué no le quieres contestar?”, me expresa: “No quiere que juegue fútbol, porque tengo lastimada la rodilla”, se me hacia un nudo en la garganta y de pronto mi mente volaba a una etapa muy dolorosa y que nunca olvidaré, porque ha marcado mi vida. Por primera vez iba a tener un espacio para mi viejo, era una sensación muy extraña, expresarle mi sentir, decirle cuanto lo quería, cuanto me hizo falta; sacar mis sentimientos y llorar, sí llorar aunque no se me tuviera permitido, además de rencor, coraje, odio en un mismo sentimiento.
¡Sí yo ese hijo perfecto!, que juzga a su padre de esa forma, porque es mas fácil ver los errores de él, que los propios, odiaba tantas cosas y todas están en mi, mientras sonaba y sonaba el celular de mi amigo, el hacia caso omiso, yo expresaba: “Contestale cabrón, no seas ojete, a lo mejor¿te quiere para algo importante”, mi amigo sonríe y me ignora por completo, todo un collages de imágenes por mi mente divagaban; los momentos que mi viejo hacia acto de presencia a casa, con su caguama en mano frente a la puerta y expresar:
Haber trabajado toda una vida y no poder aspirar a una digna pensión, pero esto no lo limitaba de disfrutar su vejez. Todo esto lo comprendí demasiado tarde, por mi arrogancia, mi altanería, por odiar su forma de ser y verme reflejado como el... No hay fecha que no se cumpla y día que no se llegue, las circunstancias eran las menos apropiadas, un cuarto frío y en medio una plancha; sobre ella un cuerpo inmóvil y al lado una silla un pantalón de lana beige y su guayabera del mismo tono.

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