
Como te miro, me mire y como me vez, te veras... Si Dios te presta licencia hijo mío, una de las tantas frases que me decía mi madre de pequeño al momento que me acariciaba y me chipiloneaba con ese amor maternal, su rostro blanco y arrugado por la fuerza de haber dado vida a sus 12 hijos, cabello corto color gorgoña, sus ojos verdes con un brillo peculiar de haber visto crecer a todos sus retoños, sus parpados pintados de color verde, su color favorito. Cantaba: “¡verde que te quiero verde!, ¡el verde es vida!”, sus labios pequeños, pero no por eso menos seductores de color rojo pasión y la coquetería parte de su personalidad. Pero mi niñez impedía entender sus palabras sabias, solo quería escuchar con esa voz fuerte y ronca que le caracteriza; las palabras mágicas: “¡Puedes salir a jugar con tus amigos!”, ese inicio de la frase y la expresión de su hermosa cara denotaba un ¡si!. En instantes yo salía disparado como un cohete, sin alcanzar a escuchar el final de su frase: “Pero regresas pronto a casa chamaco”.

Cuenca me han hecho recordar, el transcurrir de los días, semanas, meses, el respirar su clima, el disfrutar de sus paisajes, ver el caminar despacio y medio inclinado, cabellos cubiertos de canas, rostros arrugados, de personas que pasan por mi lado, logro entender sus sabia palabras, que me contaba de pequeño; yo esa liebre que corría sin mirar a esas tortugas llenas de experiencias, vida, fuerza y coraje, cargando ese caparazón lleno de historias por contar.
Existe mucho de mí, en esta Ciudad pequeña ¡pero grande en sensibilización!, llena de personas amables, dispuestas a ayudar al prójimo, esos viejitos que desde mi llegada me han brindado confianza, valor y sobre todo la actitud, los he visto disfrutar y pasear por las calles conquenses, derrochar sabiduría, logros y fracasos; pero tristemente los hijos somos muy buenos para juzgar a nuestros padres, no vemos los sacrificios que ellos hacen por nosotros,y veo con tristeza que se esta perdiendo cada vez más el respecto a nuestros viejos. Después de tener a mi padre por más de 20 años a mi lado, me he dado cuenta que solo fueron unas miseras horas que le di de mi "valioso tiempo"( irme con mis amigos de party, parrandear, viajar, divertirme, etc) .
El otro día estaba con mi amigo en algún lugar de la Ciudad y de pronto suena su celular, lo agarra ve la pantalla, y deja que siga sonando, le pregunto: “que pedo guey, ¿quién es?” se ríe y me dice: “ Es mi papá, pero no le voy a contestar”, de pronto me vi en ese espejo no podía juzgarlo quién era yo para darle un sermón, le digo:
“Pero ¿porqué no le quieres contestar?”, me expresa: “No quiere que juegue fútbol, porque tengo lastimada la rodilla”, se me hacia un nudo en la garganta y de pronto mi mente volaba a una etapa muy dolorosa y que nunca olvidaré, porque ha marcado mi vida. Por primera vez iba a tener un espacio para mi viejo, era una sensación muy extraña, expresarle mi sentir, decirle cuanto lo quería, cuanto me hizo falta; sacar mis sentimientos y llorar, sí llorar aunque no se me tuviera permitido, además de rencor, coraje, odio en un mismo sentimiento.
¡Sí yo ese hijo perfecto!, que juzga a su padre de esa forma, porque es mas fácil ver los errores de él, que los propios, odiaba tantas cosas y todas están en mi, mientras sonaba y sonaba el celular de mi amigo, el hacia caso omiso, yo expresaba: “Contestale cabrón, no seas ojete, a lo mejor¿te quiere para algo importante”, mi amigo sonríe y me ignora por completo, todo un collages de imágenes por mi mente divagaban; los momentos que mi viejo hacia acto de presencia a casa, con su caguama en mano frente a la puerta y expresar:
“Uy, uy, uyyyy hijos de la chingada, ya llego por quien lloraban, llego el rey de la casa, ¿qué?, ¿nadie me va a recibir?” su aspecto era realmente la de un mendigo, borracho, y con un olor a estiércol brutal, sus pantalones doblados hasta las rodillas sucios, sin camisa, y descalzo, cansado después de una jornada de más de 8 horas de arduo trabajo, un rostro quemado por el sol, bigote amarillento por el cigarro y su expresión en esos ojos verdes, que apenas se distinguían, porque su ceja poblada y blanca no le dejaban ver, ese rostro que al sonreír las arrugas eran escasas a pesar de llevar una vida muy dura, porque lo que más disfrutaba era trabajar; ¡bueno aparte de las mujeres y los vicios!. Sentirse orgulloso de llevar dinero a casa para la familia y soberbio de poder trabajar a su edad, pero lo hacia con gusto, porque se sentía útil ante la sociedad.
Haber trabajado toda una vida y no poder aspirar a una digna pensión, pero esto no lo limitaba de disfrutar su vejez. Todo esto lo comprendí demasiado tarde, por mi arrogancia, mi altanería, por odiar su forma de ser y verme reflejado como el... No hay fecha que no se cumpla y día que no se llegue, las circunstancias eran las menos apropiadas, un cuarto frío y en medio una plancha; sobre ella un cuerpo inmóvil y al lado una silla un pantalón de lana beige y su guayabera del mismo tono.
Quién me iba a decir que yo junto con mi hermana las personas que mas lo juzgamos en vida nos tocaría vestirlo, el día de su funeral. Me sentía tan culpable al momento de tomar su pierna y sentir su cuerpo con un aspecto de un simple maniquí, sin vida y sin sentimientos a sus 73 años de edad no pude expresar esas tres simples palabras...Te Amo Viejo, por siempre